DEFINICIÓN Y CONCEPTO
Puede definirse la autoestima como el sentimiento de aceptación y aprecio hacia uno mismo, que va unido al sentimiento de competencia y valía personal. El concepto que tenemos de nosotros mismos no es algo heredado, sino aprendido de nuestro alrededor, mediante la valoración que hacemos de nuestro comportamiento y de la asimilación e interiorización de la opinión de los demás respecto a nosotros. La importancia de la autoestima radica en que nos impulsa a actuar, a seguir adelante y nos motiva para perseguir nuestros objetivos.
Las personas con alta autoestima se caracterizan por lo siguiente:
- Superan sus problemas o dificultades personales.
- Afianzan su personalidad.
- Favorecen su creatividad.
- Son más independientes.
- Tienen más facilidad a la hora de tener relaciones interpersonales.
Cuando tienes una autoestima alta, te sientes bien contigo mismo; sientes que estás al mando de tu vida y eres flexible e ingenioso; disfrutas con los desafíos que la vida te presenta; siempre estás preparado para abordar la vida de frente; te sientes poderoso y creativo y sabes como " hacer que sucedan cosas " en tu vida.
Por el contrario, las personas con una baja autoestima:
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Falta de credibilidad en sí mismo, inseguridad.
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Atribuir a causas internas las dificultades, incrementando las justificaciones personales.
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Desciende el rendimiento.
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No se alcanzan las metas propuestas.
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Falta de habilidades sociales adecuadas para resolver situaciones conflictivas (personas sumisas o muy agresivas).
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No se realizan críticas constructivas y positivas.
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Sentimiento de culpabilidad.
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Incremento de los temores y del rechazo social, y, por lo tanto, inhibición para participar activamente en las situaciones.
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Es necesario conocer cómo funcionamos, es decir, cuáles son nuestras fortalezas y aspectos positivos y cuáles son nuestras limitaciones. A partir de esta valoración, decidiremos qué aspectos deseamos mejorar y cuáles reforzaremos. El plan de acción para cambiar determinadas características debe ser realista y alcanzable en el tiempo (por ejemplo, la edad que tenemos es inamovible, la altura es otro factor poco variable a determinadas edades, etc.). Es decir, tenemos características que tendremos que aceptar y con las que convivir, intentando sacar partido y ver su aspecto positivo.
Veamos quince claves para mejorar la autoestima:
1.
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No idealizar a los demás.
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2.
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Evaluar las cualidades y defectos.
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3.
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Cambiar lo que no guste.
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4.
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Controlar los pensamientos.
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5.
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No buscar la aprobación de los demás.
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6.
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Tomar las riendas de la propia vida.
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7.
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Afrontar los problemas sin demora.
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8.
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Aprender de los errores.
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9.
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Practicar nuevos comportamientos.
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10.
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No exigirse demasiado.
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11.
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Darse permisos.
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12.
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Aceptar el propio cuerpo.
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13.
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Cuidar la salud.
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14.
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Disfrutar del presente.
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15.
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¿Qué es el autoconcepto?. Es el concepto que tenemos de nosotros mismos. ¿De qué depende?. En nuestro autoconcepto intervienen varios componentes que están interrelacionados entre sí: la variación de uno, afecta a los otros (por ejemplo, si pienso que soy torpe, me siento mal, por tanto hago actividades negativas y no soluciono el problema).
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Nivel cognitivo - intelectual: constituye las ideas, opiniones, creencias, percepciones y el procesamiento de la información exterior. Basamos nuestro autoconcepto en experiencias pasadas, creencias y convencimiento sobre nuestra persona.
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Nivel emocional afectivo: es un juicio de valor sobre nuestras cualidades personales. Implica un sentimiento de lo agradable o desagradable que vemos en nosotros.
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Nivel conductual: es la decisión de actuar, de llevar a la práctica un comportamiento consecuente.
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Los factores que determinan el autoconcepto son los siguientes:
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La actitud o motivación: es la tendencia a reaccionar frente a una situación tras evaluarla positiva o negativa. Es la causa que impulsa a actuar, por tanto, será importante plantearse los porqués de nuestras acciones, para no dejarnos llevar simplemente por la inercia o la ansiedad.
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El esquema corporal: supone la idea que tenemos de nuestro cuerpo a partir de las sensaciones y estímulos. Esta imagen está muy relacionada e influenciada por las relaciones sociales, las modas, complejos o sentimientos hacia nosotros mismos.
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Las aptitudes: son las capacidades que posee una persona para realizar algo adecuadamente (inteligencia, razonamiento, habilidades, etc.).
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Valoración externa: es la consideración o apreciación que hacen las demás personas sobre nosotros. Son los refuerzos sociales, halagos, contacto físico, expresiones gestuales, reconocimiento social, etc.
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Ya sabemos que la autoestima es uno de los factores más relevantes para el bienestar personal y una clave para relacionarnos con el entorno de una forma satisfactoria.
Si nuestra tendencia es a sobrevalorar las dificultades o defectos sin valorar las propias capacidades o posibilidades, la suma global (la percepción de uno mismo) hace que nos sintamos insatisfechos. Si esta forma de pensar está generalizada, nuestras actuaciones van a estar sesgadas o actuaremos con temor y hay más posibilidades que los fallos se repitan en el futuro.
También podemos tener un pensamiento distorsionado en el sentido contrario, si lo que tenemos es un sentimiento exagerado de autoestima, nos puede crear problemas, lo cual ocasionará que no podamos resolver los problemas de forma adecuada.
En esta sociedad se nos pide que seamos perfectos, ¡Los mejores!; esto choca frontalmente con nuestra vivencia. Lo adecuado es en sentir una parte de nosotros como maravillosa, aquella que se refiere a nuestras capacidades. Somos buenos para unas cosas, tenemos cualidades que ponemos o no en práctica, hemos conseguido cosas, etc.
La otra parte de nosotros alberga los límites. Si a veces somos odiosos, nos enfadamos, somos débiles o miedosos, no sabemos qué hacer, e incluso nos equivocamos. La parte de los límites es la que intentamos esconder, la que nos avergüenza de nosotros mismos. Ponemos tanta atención en nuestros defectos que no hacemos sino hacerlos más presentes y empeorar las cosas, por no aceptarlos, cambiar o salir de ellos. Toda esta energía puesta en los límites nos impide desarrollar las capacidades y superarnos.
Necesitamos aceptarnos como un todo, con límites y capacidades. Querernos sin condiciones. Sólo así sentiremos el aumento de la autoestima. Necesitamos estimar lo mejor de nosotros y lo menos bueno.
EL PROCESO DE DESARROLLO DE AUTOESTIMA
Cuando somos niños necesitamos de la opinión de nuestros padres (o de aquellos que desempeñan ese papel) para sentirnos confirmados en el mundo, aceptados y normales, tanto frente a los otros, como ante nosotros mismos. Conforme vamos creciendo, la opinión de otras personas acerca de nuestras ideas y actitudes también se vuelve importante, al fin y al cabo somos seres sociales.En esa relación entre nuestro mundo interno y el mundo externo es donde desarrollamos nuestra auto-imagen. Lo esperado es que gradualmente esa imagen pueda ser chequeada con la propia evaluación de nuestros potenciales y de nuestros límites, a partir de una percepción más asertiva y cuidadosa de nuestras verdades.
La auto-estima es un proceso dinámico que comienza en la infancia y continúa vivo durante toda la vida. Es base significativa de toda nuestra estructura emocional, por eso es tan importante entender y tratar esta cuestión.
Durante nuestro desarrollo aprendemos a relacionarnos afectivamente con el ejemplo de las relaciones que vivenciamos durante nuestra vida. Sabemos que tenemos un poco de nuestros padres y de las figuras afectivas que nos han acompañado en nuestra infancia y que estos serán por mucho tiempo nuestros modelos y nuestras referencias. La familia es nuestro primer grupo social y nos proporciona los parámetros que necesitamos para relacionarnos socialmente. Construimos con esas vivencias nuestro blasón personal, entreverado de mitos y verdades sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Nuestro auto-valor se forma a lo largo del tiempo, desde muy temprano, mediante la confirmación – o no – de nuestras actitudes, comportamiento, deseos y elecciones que hacemos.
Durante nuestra infancia necesitamos ser confirmados o, podríamos decir mejor, alimentados, por el amor incondicional, recibido generalmente de nuestros padres. De este modo abrimos espacio a la seguridad interna, a la confianza en nosotros mismos y por consiguiente a la autonomía e independencia. Para ello la calidad de la relación afectiva establecida con nuestros padres hace gran diferencia, desempeñando papel fundamental en la confianza que tenemos en ese ‘feedback’.
El amor incondicional trae consigo la aceptación del otro y de su ‘conjunto completo’, con todos sus defectos y cualidades, pero el límite entre aceptación plena y permisividad se vuelve tenue y muchas veces de difícil comprensión. Por poner un ejemplo, vamos a imaginar a algunos padres que, en el difícil ejercicio de educar, se equivocan por el exceso, ofrecen todo sin pedir nada a cambio, no enseñan el adviento de la gratitud. Como resultado pueden dar origen a pequeños tiranos, críos egocéntricos y prepotentes que fatalmente habrán de sufrir para comprender que el mundo es mayor que la extensión de su casa. Otra equivocación común en la comprensión del amor incondicional es la ausencia de límites. Algunos padres simplemente no consiguen establecer límites, muchas veces por miedo a frustrar al crío y con eso perder su amor; de este modo dan a la criatura una idea equivocada de que todo le es posible y todo le está permitido. Lo que desconocen muchos es que el límite utilizado como parámetro y no como simple cercenamiento, es extremadamente importante para el desarrollo de la noción de respeto, pues tiene papel esencial para ayudar al niño a percibir sus características propias, sus dificultades, su potencial, su existencia y la existencia del otro.
Durante la adolescencia la confirmación aún se busca fuera de uno mismo, en el amigo, en los grupos, en los iguales; es la edad de los ídolos, de las modas y de las conversaciones trascendentes. Cada persona vivencia esa fase a su manera, variando conforme su historia de vida y su personalidad.
De este modo vamos aprendiendo nuestra importancia para el mundo y descubriendo nuestro valor personal. Algunas veces ese proceso no ocurre como era esperado, surgiendo entonces críos, adolescentes y adultos inseguros, insatisfechos y muchas veces rencorosos, con mayor o menor estima por sí mismos y por los demás.
Una de las maneras de reparar la baja autoestima es buscar, mediante el proceso de profundización, el auto-conocimiento (psicoterapia), desarrollar una mirada distinta sobre ti mismo, muchas veces una primera mirada positiva sin prejuicios, en un proceso de revelación de tus características; aprendiendo a hacerlas trabajar a tu favor, descubriendo de este modo quien realmente somos, cuales son los deseos, miedos, necesidades, potenciales, en fin, tu singularidad.
Mirando las cualidades y defectos que posees y aprendiendo a aceptarlos, estarás aceptando el conjunto completo acercándote más a lo humano, revisando tu autocrítica y perdonándote por ser genuinamente imperfecto.
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